martes, 23 de abril de 2013

Feliz dia de San Jorge - Diada de Sant Jordi



Es muy difícil establecer una fecha concreta que marque el inicio de la esta tradición popular de regalar rosas el día de Sant Jordi. Debe ser muy antigua, ya que se tiene constancia de la celebración de la Feria de rosas de Sant Jordi desde el siglo XV. Esta misma antigüedad busca una relación entre la tradición popular y la el simbolismo del amor cortés que representa la rosa, aunque la costumbre de regalar flores existe desde antes del Cristianismo y los romanos celebraban alrededor del mes de mayo una fiesta floral dedicada a la diosa Flora.
La fiesta que ahora conocemos tiene su origen en la época de la Diputación del general y está ligada a la nobleza y los estamentos dirigentes que el día de Sant Jordi celebraban una misa en la capilla del Palacio de la Generalitat, donde también se hacía la citada Feria de rosas.
Aunque la fiesta actual mantiene estas dos tradiciones medievales: regalar la rosa y visitar la capilla de Sant Jordi, la fiesta ha ido incorporando más elementos y, sobre todo, se tiene que convertir en una extraordinaria expresión de cultura popular.
 

La leyenda de san Jorge y el dragón


San Jorge era un militar romano nacido en el siglo III en la Capadocia (Turquía). El santo, que servía bajo las órdenes del emperador Diocleciano, se negó a ejecutar un edicto del emperador que le obligaba a perseguir a los cristianos y por esta razón fue martirizado y decapitado por sus coetáneos. Muy pronto se empezó a venerar como santo en la zona oriental del Imperio Romano y enseguida aparecieron historias fantásticas ligadas a su figura.
La gesta de san Jorge y el dragón se hizo popular en toda Europa hacia el siglo IX y fue recogida por el arzobispo de Génova, Iacopo da Varazze, más conocido como Iacobus de Voragine, en 1264, en el libro 'Legenda sanctorum'. En esta versión, sin embargo, la acción transcurría en Libia.
La versión de la leyenda más popular en Cataluña explica que en Montblanc (Conca de Barberà) vivía un dragón terrible que causaba estragos entre la población y el ganado. Para apaciguarlo, se sacrificaba al monstruo una persona escogida por sorteo. Un día la suerte señaló a la hija del rey, que habría muerto de no ser por la aparición de un bello caballero con armadura que se enfrentó al dragón y lo mató. La tradición añade que de la sangre derramada nació un rosal de flores rojas.
Esta misma leyenda, con ligeras variaciones, se repite en las tradiciones populares de Inglaterra, Portugal y Grecia, entre otros países.

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